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miércoles, 16 de marzo de 2016

@lanacion @udepalermo Insólitas conclusiones de la relación entre argentinos, dinero y felicidad

Los argentinos miran más de lo debido el sueldo de sus compañeros de trabajo para considerarse conformes con su salario; creen que el dinero no hace la felicidad, pero sí mencionan el aspecto económico a la hora de explicar su infelicidad, y la mayoría está de acuerdo con un modelo redistributivo en el que se quite a los más ricos para repartir a los pobres, pero con una salvedad..., ninguno se considera pasible de recibir un recorte en sus ingresos puesto que nadie se autodefine como clase alta. Estas conclusiones no están solas; hay un manojo más de afirmaciones a las que se llega al analizar la relación de los habitantes de este país con el dinero y la satisfacción que tienen con sus vidas. 

La radiografía de los argentinos y su vinculación amor/odio con el dinero o los aspectos económicos de su existencia surge del "4° Estudio sobre Felicidad, Relacionado con la Estructura Social", elaborado por la Universidad de Palermo (UP) y TNS Gallup, en el que participaron Gabriel Foglia, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la UP, y Cynthia Carbonell, directora de Proyectos de TNS Argentina.

Todos quieren ser Robin Hood, pero nadie se reconoce rico
En la Argentina, la mayoría de los encuestados para el trabajo mencionado considera que están bien las políticas redistributivas en las que se les quita un poco a los más pudientes para repartir entre los más necesitados. Pero a la hora de autodefinirse de una determinada clase social, nadie se identifica con la clase más alta, que sería la pasible de recibir un recorte de sus ingresos para dar a los pobres. "Tanto los de clase alta como los de clase media y baja se consideran clase media", apunta Gabriel Foglia. 

Carbonell destaca que en este cuarto estudio que hacen sobre la felicidad, lo que se empieza a notar es inconsistencia de la respuesta de la gente cuando se le pregunta si está de acuerdo con una política redistributiva. "Responden que sí, pero después nadie se reconoce como clase pudiente, aun aquellos que son claramente clase alta. Cada uno está de acuerdo en que alguien pague impuestos para una política redistributiva, siempre y cuando no sea él", concluye la especialista. 

Nadie dice ser de clase alta 
Consultados sobre en qué lugar de la estructura económica y social se ubicarían, la mitad de los argentinos dijo ser de clase media-media. Ningún entrevistado se identificó como perteneciente a la clase alta, y sólo 2% se autodefinió como de clase media-alta. "El 88% declaró pertenecer a la clase media o media-baja, y sólo 10% se identificó como clase baja", se especifica en el estudio. 

En tanto, al cruzar estos datos con el nivel sociodemográfico de la muestra surge que entre aquellos que pertenecen al segmento ABC1, 88% se identificó como clase media o media-baja, y 4%, directamente como clase baja. En esta sintonía, 86% de los entrevistados pertenecientes al segmento D y E dijo pertenecer a segmentos medios de la sociedad. 

El economista Martín Tetaz, autor del libro Casual Mente, dice que la distorsión de que todos piensen que son de clase media ocurre por un sesgo de representatividad. "No vivimos en grupos aleatorios representativos de toda la sociedad, sino en estratificaciones de personas de similar situación socioeconómica que la nuestra (los barrios) y tendemos a juntarnos con amigos y compañeros similares a nosotros. Y la verdad es que nos sentimos del promedio porque dentro de esos grupos estamos en el medio, aunque esos grupos sean una isla y no sean para nada representativos de la sociedad", analiza el especialista. 

El dinero no se hace trabajando 
Otro aspecto destacado es que en este país, la mayoría opina que aquellos que tienen dinero lo obtuvieron de manera "non sancta", básicamente de la mano de la corrupción y el fraude. "Por eso está mal visto ganar dinero", comenta Emilia Montero, coordinadora académica de Recursos Humanos de la Facultad de Ciencias Económicas de la UP. 

"En lo que hace a los factores que explican el acceso a posiciones de privilegio, 24% de los encuestados lo atribuye al fraude o la corrupción. En segundo lugar aparece la herencia familiar (21%), en tercer lugar la educación (16%) y sólo el 13% identifica el estatus social con el esfuerzo", desgrana Montero. 

Estas respuestas están muy vinculadas también con el hecho de que nadie se considera de clase alta y, por lo tanto, nadie cree que está en el segmento donde se delinque para ganar posición económica. "La misma clase alta, que no se considera alta, dice que se escala gracias a la corrupción y el fraude", acota Foglia. 

La educación es siempre culpable, nunca benéfica 
Relacionada con el punto anterior está otra parte del estudio, que ahonda en las causas por las que una persona es de clase alta y por qué una de clase baja no puede ascender. Tal como se dijo antes, el principal factor que los argentinos consideran a la hora de explicar por qué alguien es rico es la corrupción, cuando en países desarrollados ocupa ese sitial la educación. Sin embargo, cuando se pregunta por qué la gente que está en los estratos más desfavorecidos no progresa, sí se atribuye la "culpa" a la educación. 

Carbonell dice que les sorprendió que el ascenso no estuviera asociado al estudio y sí a maneras ilícitas de obtener riqueza. "Lo curioso es que si se lo pregunta al revés, es decir, si se pregunta por qué una persona no sale de una clase menos favorecida, sí aparece como principal factor la falta de educación -explica la investigadora-. Es muy llamativo que en general, la educación se asocia sólo a no poder salir de la pobreza y me sorprendió negativamente que en el imaginario general se crea que, para crecer en la escala social, vale más la corrupción y no la educación." 

Dime lo que gana tu compañero y te diré cuán feliz eres 
Los argentinos son menos racionales de lo que se sospecha. Cuando se presenta la hipótesis de que podría ganar un sueldo de $ 8000 mientras que el compañero gana $ 6000, la mayoría se muestra más satisfecho que si se le da la opción de que los dos cobren $ 9000. "No parece una opción inteligente, sin embargo, así somos", acota Foglia. 

Tetaz explica que importa más el ingreso relativo que el absoluto, la comparación con el otro. "La primera explicación para esto es que nos comparamos contra nuestros colegas o pares porque no tenemos idea de cuánto nos merecemos ganar; entonces miramos a los otros como referencia: si mis compañeros ganan 12.000 me pongo contento con 14.000 no porque me haga feliz que ellos ganen menos, sino porque pienso que 12.000 era lo que correspondía, y entonces estoy contento por ganar un poco más", dice. 

La segunda hipótesis de Tetaz para esta respuesta es que, simplemente, el hombre es un animal social y todos los mamíferos se ordenan grupalmente en torno de alguna jerarquía particular que determina el orden de prioridad en el acceso a los recursos de supervivencia y reproducción. "En esos ordenamientos sociales sólo importa la posición relativa en el grupo y es probable que eso explique por qué preferimos ganar menos si ello mejora nuestra posición relativa en la oficina", concluye el economista. 

El dinero no hace la felicidad, pero si me falta soy infeliz 

En un estudio preliminar sobre bienestar subjetivo, también elaborado por la UP y TNS Gallup, se destaca que el dinero no está entre las primeras razones que las personas esgrimen para explicar por qué son felices. En tanto, en un contraste un poco contradictorio, sí aparece la cuestión económica a la hora de explicar la infelicidad. 

"Al preguntarle a los encuestados sobre razones por las que se consideran felices, 4 de cada 10 se refirieron a la familia y los seres queridos, mientras que sólo 3 de cada 10 hicieron mención a estar muy bien económicamente... En cambio, entre las razones más mencionadas por los que declaran ser infelices se destacan problemas económicos...", se detalla en el informe. Tetaz subraya al respecto que el economista Richard Easterlin demostró hace 35 años que en los países de más alto PBI per cápita, la gente no era más feliz que en los países que tenían un PBI per cápita más bajo. "Pero [la economista] Carol Graham mostró luego que había un «umbral de ingresos", y que los ingresos sí importaban hasta que se llegaba a un ingreso de clase media, pero que luego ya no existía relación. Por esa razón, aunque más ingresos no te hacen más feliz, si te faltan los ingresos sufrís infelicidad", explica.

 

Fuente: Diario Nación

 

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